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miércoles, 29 de junio de 2011

Sushiwakka

Continuando con las últimas entradas especialidades en la gastronomía japonesa, aprovecho para hablar del restaurante Sushiwakka. Tenía muchas ganas de ir a este restaurante porque frecuentemente paso por delante de él (se encuentra en la esquina de Serrano y María de Molina) y por fuera parece un sitio bastante "cool".
Cuando fui al sitio, la sensación fue igual de buena o mejor que la que desprende desde fuera, es un sitio muy elegante, de decoración de diseño, con lunes rosas/moradas y ciertos elementos decorativos muy originales como ramas en el techo. En definitiva, es un restaurante muy bonito que invita a celebrar ocasiones especiales en él. Ahora, a lo importante, la comida. Fui al restaurante con una oferta de Groupon que consistía en 24 piezas de sushi por 20 euros, bastante bien teniendo en cuenta el precio prohibitivo que suele tener el sushi. Nos sirvieron las 24 piezas en un plato, la verdad que para 2 personas era un poco escaso pero no decidimos pedir más ya que no teníamos demasiada hambre. El sushi estaba bastante rico aunque tampoco diría que es de los mejores sushis que he comido. El trato de los camareros fue correcto pero tampoco soberbio ya que cometieron un par de errores como traernos la cuenta de otra mesa.Por la parte negativa me quedo en el precio, pagamos por 2 copas de vino, 2 cafés y un botella de agua 20 euros lo cual me parece un precio desproporcionado y según he leído en críticas por internet los precios de los platos van en esa línea si no vas con ninguna oferta.
En definitiva, Sushiwakka es un restaurante realmente agradable en decoración y en ambiente, en la comida y servicio son aceptables pero no están a la altura de los precios que tienen. Volveré solo en el caso de aprovechar alguna oferta.


viernes, 24 de junio de 2011

Kabuki Wellington

Este restaurante se situa en los bajos del hotel Wellington en Madrid en la calle Velázquez número 8 (al lado de la Calle Alcalá). Según entramos nos damos cuenta de que es un restaurante con clase, mesas grandes y espaciosas, decoración sobria pero más que correcta y trato de los camareros que ya no se suele ver. La carta indica que es un sitio caro, muy caro, menús degustación por 66 y 91 euros; un detalle muy de agradecer es que el IVA ya está incluido. Al preguntar por el vino nos damos cuenta de que existe sumiller (femenino) que nos recomendó sin dudarlo al preguntar por un Albariño Do Ferreiro (30 euros botella). Sin duda acertó ya que gustó a todo el mundo. De entradas pedimos maki y nigiri para compartir tras una sopa Misho. Siempre es difícil de comparar sushi pero es el mejor que recuerdo sin duda alguna. También pedimos unos conos de alga con arroz, atún y huevo frito que estaban de escándalo. De segundos tomamos carpaccio de carnes variadas (kobe, avestruz, canguro y alguna otra) y carne de buey Wagyu por 29 y 33 euros respectivamente siendo las raciones escasas pero sensacionales. Hay gente que pidió los conos antes mencionados de segundo ya que gustaron y no se pidió uno por persona anteriormente. Los postres van desde churros con chocolate (los churros parecen churros pero sin la forma tradicional “cerrada”, solo el palito) por 6.5, tarta de chocolate brutal por 12.5 y torrija (aprobado justo) por unos 9 euros. Como se puede observar, cuando hay postres de más de 10 euros estamos hablando de palabras mayores.

Si investigamos un poco nos encontramos que el Chef de Kabuki, Ricardo Sanz, ha participado en eventos de los Samurais del Sushi a nivel mundial con lo que nos podemos hacer a la idea de la calidad de las viandas que se nos ofrecen.

En fin, sin demasiadas ostentaciones en diseño, carta, publicidad y demás bombo y platillo que se da a sitios de moda (los llamados piji-guays por mi parte – ejemplo en este blog con TARTAN) podemos hablar de un restaurante que brinca de los 50-60 euros sin demasiadas complicaciones, pero pese a esto puedo decir sin duda alguna que merece la pena en todos los sentidos (si se dispone del dinero antes mencionado sin que esto sea un problema - una ocasión es una ocasión :)) ir al menos una vez.

Postdata: un lunes cualquiera estaba lleno.

T.A.R.T.A.N.

Tras 2 intentos fallidos de reservar conseguí mesa en este restaurante del barrio de Salamanca (General Pardiñas 56), esta vez llamando la noche de antes y siendo la cena en cuestión un miércoles antes del Corpus. Al entrar mis peores sospechas se cumplen, sitio piji guay, camareros con pinganillo (sigo preguntándome el por qué). En fin, nos sentamos en una mesa en la que casi no entraban los platos sin demasiada separación entre los de al lado (por cierto unos cansinos del copón: estos se merece un inciso. La mujer cada 3 minutos diciéndole si no se acordaba de ella cada 4 horas, que no podía dormir por las noches pensando en él, cada vez que iba al servicio le daba un beso y casi todas las veces tiraba algo, una de ellas el vino, en resumidas cuentas, vomitivo). Siendo la separación escasa pues te enteras de la conversación de los demás sin querer prestar atención, cosa que odio en un restaurante. Bueno, al lio, la carta tiene muy buena pinta, pedimos una sangría de la abuela y una botella de agua. Primer acierto, tienen agua de litro, cosa que me encanta ya que me parece una estafa que te traigan 2 botellas de medio y te las cobren igual. La sangría muy rica, prácticamente granizado de sandía que entraba sola, que tampoco se asuste el personal que el recipiente era minimalista, como una mini frasca para no mas de 2 vasos llenos. Primer entrante: tortitas mandarín de confit de pato mular con salsa hoicin, el nombre asusta pero eran 4 mini rollitos que estaban muy buenos. Segundo entrante: carpaccio de vieiras con mariconadas varias, no me gustó nada, demasiada pimienta y un sabor raro para mi gusto. A mi acompañante le gustó más pero un sabor raro tenía y el carpaccio no es que estuviera muy elaborado.

Llega la hora de la meada tradicional, bajo al servicio y cuál es mi sorpresa al descubrir que el salón de abajo es mucho más grande acogedor, bonito y climáticamente más fresco. Llegan los segundos, tartar de atún y hamburguesa, el tartar llevaba demasiada pimienta y se podían haber metido los crispies por el culo pero bueno, es una opinión demasiado personal, se podía comer. La hamburguesa fue lo mejor de todo para mi gusto, sobre una base de patatas y maíz levantaba un trozo de carne que estaba bastante bueno.

Momento para los postres, y como la sensaciones no eran buenas decidimos probar uno cada uno: taza de chocolate a 2 temperaturas con peta zetas fue mi elección: no estaba mala pero demasiado pesada, con chocolate negro por debajo tipo brownie y blanco por encima no estaba mala pero para mi gusto poco elaborada, me dejó una sensación de empacho (a mí!). La jefa pidió Mi tarta de chocolate con macadamia caramelizada y crema chantillí, demasiado nombre para un chocolate que tampoco llamaba demasiado la atención encima de una masa típica de tarta precocinada.

En fin, demasiado piji-guay para mí. El servicio normal, la decoración bien, la mesa demasiado pequeña. En resumen, demasiado caro para lo que se ofreció ya que el gasto fue de 87 euros para dos personas, y ya estamos entrando en palabras mayores para una cena.
Adjunto foto de la factura (habría que cambiar la Heineken por el agua), lo del pan y aperitivo caso aparte, sigo esperando el aperitivo.

Update: el sitio (al menos la parte de arriba) es bastante ruidoso y la decoración está bien basándose en el tartán o los cuadros escoceses.