martes, 16 de agosto de 2011
Vaova
jueves, 28 de julio de 2011
Mesón Fidel
¿Que se esconde detrás de este nombre tan español, tan castizo, tan costroso diría yo? Pues un mesón español de los de toda la vida, de croqueta y pincho de tortilla.
En mi reciente viaje a Cuenca terminé cenando el sábado por la noche en una zona con bastantes bares y mesones, de los clásicos con raciones y pinchos de cantidad generosa. De entre todos ellos me fijé que la terraza más abarrotada de gente era del Mesón Fidel, también muy recomendado a través de páginas web, redes sociales como Foursquare, etc.
Así que aposté mi dinero a Fidel, aunque su nombre evoque puros y discursos de 7 horas, y decidí apostarme en un barril, lo único que quedaba donde apoyarse, puesto que las mesas y las sillas eran territorio vedado.
Los que me conocen saben que no me gustan las aglomeraciones, así que decidí enviar a mi intrépida acompañante a realizar las labores de identificación y selección de productos, ordenado y posterior recogida. Puesto que no tenía apenas hambre puesto que a la hora de la comida había cometido ya unos cuantos excesos en el Telepizza, no fueron muchas las raciones que pedimos. Y, sin embargo, como podréis comprobar en las fotos, desfiló comida para más de dos personas sin siquiera darnos cuenta.
La primera ración fue de croquetas. En la imagen podéis verla cuando ya la habíamos empezado. En la práctica creo que fueron 13 o 14 croquetas las que nos sirvieron por, no estoy seguro, pero creo que en torno a 8 euros.
Las croquetas estaban cremosas y sabían a jamón, lo cual ya es un mérito en este mundo de croquetas insípidas e insustanciales en el que nos ha tocado vivir, cosas de la crisis supongo. Eso sí, ligeramente grasientas, nada que un poco de papel para escurrir el aceite sobrante no pudiera arreglar.
La siguiente ración fue de pincho de tortilla, para mi acompañante (sobradamente conocida es mi aversión a este clásico de la gastronomía española). Como veis, lo que ellos llaman pincho yo lo llamo “cena para dos”, prácticamente. No recuerdo el precio de dicho pincho, pero puesta la barrera de las croquetas en 8 euros, de ahí para abajo.
La tercera y última ración fue de costillas, una de las recomendaciones habituales. Costillas en adobo, de nuevo una generosa ración por un precio asequible (similar al de las croquetas). ¡Las costillas tenían carne! Algo que no debería sorprender, pero que por desgracia, al igual que el sabor a jamón en las croquetas, hoy en día sí merece ser destacado.
No pedimos más, de hecho nos sobró comida en el plato a ambos. No puedo daros el precio final, pero os aseguro que era más que competitivo para la cantidad de comida que nos sirvieron, amén de la diligencia con la que lo hicieron.
En definitiva, Mesón Fidel no es para seducir a una posible conquista, salvo que tu objetivo sea, por un precio razonable, llenarle hasta que reviente el estómago y no otras partes de su cuerpo.
Kyoto (Villalba)




martes, 26 de julio de 2011
The magic garden (Alcalá de Henares)
jueves, 21 de julio de 2011
Madrid Open Air
Pero no. Madrid Open Air es todo eso pero en versión pija, lo cual da un resultado bueno y recomendable.
Lugar
Se celebra en el mismo parque Enrique Tierno Galvan, al lado del planetario de Madrid con lo cual, rodeado de jardines, cesped y arboles, en pleno verano Madrileño, pues apetece.
Cine
El equipo técnico es perfecto, con sonido envolvente y de calidad, a buen volumen (quizás alto, pero que es mejor que bajo) y con altavoces por todo el recinto estrategicamente colocados y señalizados. De la pantalla presumen que es la más grande del mundo. Las butacas en realidad son hamacas regulables en altura (un poco endebles, yo me cargue una aunque te la cambian al momento) y con espacio suficiente como para estirar las piernas y repanchingarte sin problemas tanto de delante como de detrás. Además estás sobre el césped que invita a descalzarte. ¿Que más se puede pedir? Pues antes de la peli te cuentan los chascarrillos de la misma algún artista invitado y relacionado. A mi me toco el padre de familia de los Serrano, productor de lo que íbamos a ver.
Staff
Muchísimas azafatas/os por todos los lados vestidas de temática cine por si tenias algún problemilla así que perfecto, no se notaba descuidada la organización en este aspecto.
Comida/Bebida
Stands pijis-pijis de comida japonesa, helados de yogur, mojitos, palomitas, cafetería, zona chill-out de una marca de cerveza, puffs para tirarse repartidos por el recinto, gominolas suecas "naturales" etc.. Nosotros probamos los mojitos varias veces y estaban ricos, recién hechos (lo mezclaban ahí mismo, no botellas prefabricadas) con su hierba buena y preparados por camareras cubanas (8E), café de una marca de cafeteras tipo Nesspresso (regalado) que no nos gusto nada, pero porque no somos muy cafeteros. Las gominolas suecas (carillas pero muy muy buenas, 2E una bolsa con unas 20 unidades), cerveza (3E el vaso grande) y el helado de yogur(2E con moras) rico si te gusta aunque a mi ni fu ni fa.
Discoteca:
Música normal, éxitos de ayer y de hoy. Rango de edades desde 18 hasta los 40. Lo sorprendente es que un 70% serian chicas-mujeres y sin grupos de solteros (vería un par de ellos) pero si de solteras (aparentemente).
Conclusión:
Recomendado si no te importa gastarte un poco más de la cuenta y hace buen tiempo.
Chillout Cache
Decían nuestros antepasados que “Errare humanum est”. Tenían razón, sin duda, pero algunos errores es mejor evitar por todos los medios cometerlos. Yo no he podido evitar el último de los muchos que ya cargo a mis espaldas, pero dejo aquí mi pequeña ayuda para el resto de contertulios con la secreta esperanza de que ninguno de vosotros pise mi misma piedra.
Ayer por la noche me dirigí, aproximadamente a las 9:30, a las dependencias del ¿restaurante? Chillout Cache (Chillout Caché), que se encuentra en la Calle Cardenal Cisneros, cerca de la Glorieta de Bilbao.
El sitio no tiene, de entrada, muy buena pinta. Debería haber prestado atención a estas señales luminosas y huido cuando aún estaba a tiempo, pero el hecho de ir acompañado me hubiera impedido, de todas formas, dicha salida airosa.
La ambientación es pretendidamente árabe. Mucho azulejo, cortinillas y asientos corridos estilo “Vips”, pero con una necesidad imperiosa de ser sustituidos por unos nuevos, puesto que estaban rajados por ciertas partes.
Otra señal inequívoca de que estamos en un sitio a evitar es la carta. Falta absoluta de coherencia en las posibilidades a elegir de la misma. ¿Cómo sino se explica que, en una carta de un restaurante con aspecto árabe puedas pedir cosas como Provolone, varios platos con jamón y tocino (los musulmanes tienen prohibido cualquier derivado del cerdo), crepes, salmón o una extensa carta de cocktails (no pueden beber alcohol tampoco). Acepto que, hoy en día, haya muchos sitios de este estilo, que mezclan distintas influencias y cogen de cada uno lo que es más popular, pero aquí estamos hablando de demasiadas cosas que no encajan para nada entre ellas. También me resultó curioso comprobar que en la carta no hay ninguna comida árabe, ni un triste hummus que llevarse a la boca.
El camarero que nos atendió nos confirmó los términos de la oferta que había hecho a mi acompañante optar por este sitio: 50% de descuento en lo que pidiéramos, bebida incluida. Eso sí, las condiciones para aplicar la oferta fueron un tanto absurdas: sólo si pedías, por persona, un primero y un segundo. Hasta aquí, todo razonable. ¿El problema? Que sólo se podía elegir entre TRES, sí, TRES segundos: pato, salmón y solomillo de cerdo. ¿Qué restaurante tiene sólo TRES segundos para elegir? Por favor, si en el menú diario más costra del restaurante más cutre tienes más variedad…
Al final, después de darle muchas vueltas, optamos por pedir lo siguiente (éramos tres personas):
- Patatas caché: patatas fritas, bechamel y bacon.
- Huevos rotos con jamón: un huevo sobre patatas fritas y jamón corriente por encima.
- Ensalada ibérica: supuestamente, una ensalada de rúcula, jamón ibérico, pasas y no recuerdo que más. En la práctica, una bolsa de Floret con cuatro cachos de jamón (ni ibérico ni nada) por encima.
En cuanto a los segundos, al final optamos por esto:
Solomillo ibérico con salsa de queso azul y patata panadera: no lo llegué a probar, ya estaba demasiado cabreado cuando llegó a la mesa, pero la cantidad era absolutamente ridícula para un plato de 14 euros en un restaurante casposo en una zona que no está de moda. Adjunto foto para que os podáis hacer la idea del tamaño de la ración (2 “medallones” de solomillo pusieron, se podían comer de un bocado cada uno). En la foto podéis ver uno de los medallones todavía sin empezar.
Salmón al horno con salsa al cava. Me detendré especialmente en este segundo, que además fue lo que pedí yo. Primero, la ración, como la anterior, escasa para el precio del plato, Ni un lomo de salmón ni nada, una simple rodaja de un salmón de tamaño pequeño, eso sí, acompañado de muchas patatas para que el plato no quedara desangelado. Pero lo peor no es que pusieran poco, es la calidad de la materia prima: pasado de rosca como creo que no me han puesto nunca un pescado en mi vida. Carne estoposa, reseca, de sabor incluso desagradable, al que la salsa no era capaz de mejorar ni mucho menos. Cualquier día, el salmón recalentado que me como en el trabajo está infinitamente más jugoso que esta vergüenza de color rosado que se atrevieron a servir en mi mesa.
El tercer segundo, finalmente, no fue un segundo real: pedimos el crepe inglés, un crepe relleno con un huevo, bacon y no recuerdo qué más. Baste decir que sobró más de la mitad, para que cualquiera se haga una idea de la delicia que nos pusieron en el plato. De este no tengo fotos.
Huelga decir que nos abstuvimos de pedir postres. Con el 50% de descuento quedamos en una factura de 42 euros (con un mojito, una copa de vino y un agua para mí) a repartir entre tres. ¿Barato? Sí, con el descuento, pero sinceramente prefiero comerme un bocata del Pans & Company antes que volver a pisar este sitio. Ahorraría en no sólo en dinero, sino también en salud y estabilidad mental.
lunes, 18 de julio de 2011
TGI Fridays – La contracrónica
El sábado por la noche me pasé por el TGI Fridays de Gran Vía, animado por el post previo sobre sus cocktails a precios bajos. La primera fue en la frente, puesto que esta Happy Hour sólo está disponible de 17 a 20 pero de Lunes a Viernes. En cualquier caso, teníamos cierto antojo de comida guarra, así que mi acompañante y yo (como dice Chema) entramos de todos modos y nos dispusimos a tirar por la basura cualquier amago de dieta.
No hice fotos porque me acordé cuando ya me había comido todo, para seros sinceros, pero procuraré ser lo suficientemente generoso en los detalles como para que os hagáis una idea.
Compartimos un entrante denominado “Combo de nachos”, que traía cuatro nachos de cada tipo, tres tipos en total (es decir, 12 nachos). Los tipos eran: de carne (carne normal, no picada), de pollo y de queso cheddar. Estaban bien, nada del otro mundo.
En cuanto a los segundos, mi acompañante optó por una hamburguesa Prime Choice, de tamaño tan generoso como su precio (unos 15 euros). Entre sus ingredientes, carne, bacon, cebolla, tomate, lechuga, queso, mayonesa francesa y pan brioche.
Por mi parte, yo preferí las costillas. Existen varios tipos con este plato, pero os diré que eran las que estaban de promoción y que costaban unos 19 euros más o menos. Ante mis ojos apareció un rack que prácticamente se salía del plato, adornado con unas cuantas patatas fritas y un cuenco con más salsa Jack Daniels “no se qué”. Debo decir que son, quizás, las mejores costillas que he comido en Madrid al estilo americano: jugosas, con una carne fácil de separar del hueso, una salsa muy rica, un 10 en definitiva. En concreto, y por comparar con el referente en la materia, mucho mejores que las del Alfredo’s, que me parecieron más secas y mucho más escasas en carne y en piezas (también es cierto que el precio de Alfredo’s es bastante más reducido, pero creo que cuando sales a cenar prefieres pagar un poco más y volver satisfecho).
Tanto mi acompañante como yo tuvimos que hacer ímprobos esfuerzos para terminarnos los platos, hasta el punto de volver prácticamente a rastras a casa, aunque podríamos haber rodado cómodamente Gran Vía abajo. En definitiva, que las raciones, aunque caras, fueron bastante generosas, mucho más de lo que habría esperado.
Sobre los cocktails, nos podemos sendos Ultimate Mojito Classic a 7.75 cada uno. La cantidad, enorme, casi el doble que un mojito normal de cualquier bar (o el triple si lo comparamos con el Del Diego). La calidad, bastante normalita. Poca hierbabuena, la mayoría trocitos flotando, y demasiada acidez para mi gusto. En la siguiente imagen podéis ver uno, así como una comparación con mi mano para que os hagáis una idea de su tamaño.
La cuenta total la podéis ver en la siguiente imagen, para que os hagáis una idea. Puede asustar, pero si quitamos los 30 euros de bebidas, nos quedaría una cena pantagruélica por 25 euros cada uno.
En definitiva, me gustó la experiencia y probablemente vuelva alguna vez, pero los cocktails merecen la pena si vamos a la Happy Hour.



